El silencio destrozado y transgresión de la realidad

Victoria Irene González Pérez
Autor

Sinopsis

Hacia la década de los años 40, la Ciudad de México sufrió un proceso de modernización muy marcado. Inició una metamorfosis que se iría acentuando con el paso de los años, convirtiéndola en la gran urbe que es en la actualidad.
Grandes masas de campesinos, desplazados del campo, buscaron la ciudad como una oportunidad de sobrevivencia. No siempre encontraron lo que buscaban y empezaron a formar amplios cinturones de miseria alrededor de la urbe. No obstante, también de provincia llegaron todo tipo de artistas e intelectuales que vieron en la capital del país un campo fértil para sus aspiraciones profesionales. Con ellos se fue cimentando una idea mistificada de la urbe que pronto fue vista como La Ciudad. Así, con mayúsculas. Según dice Carlos Monsiváis, esta pléyade de intelectuales estableció una atmósfera de transformación vertiginosa en el campo cultural, aunado a la metamorfosis del espacio físico. En todas las esferas del arte se manifestó una gran necesidad de búsqueda y revolución de la estética que trataba de alejarse del nacionalismo que habían implantado los gobiernos emanados de la Revolución. Los intelectuales se afincaron en la Zona Rosa, como lugar propicio para dar rienda suelta a sus aspiraciones. Ahí dialogaban, discutían y proyectaban hacia el futuro. El mundo se expandía y había que abarcarlo, asimilarlo, entre más pronto mejor.
A grandes rasgos, así se formó la Generación del Medio Siglo en México. Al contrario de quienes los precedieron, sus escritores estuvieron en condiciones de abrirse más fácilmente al clima intelectual universal. Quizá sin hablar de influencias directas, sí habría que señalar una misma atmósfera literaria. Dentro de ella destacan autores como Franz Kafka, Marcel Proust, Fiódor Dostoievski, William Faulkner, Edgar Allan Poe, James Joyce y John Dos Passos, entre otros.

El mismo espíritu de renovación que propiciaron les proporcionó el elemento unificador como grupo y el acercamiento, a su vez, produjo la fuerza necesaria para la transgresión del canon. El vehículo que ayudaría a su expresión fueron las revistas que a partir de los años 50 empezaron a proliferar en nuestro país, tales como la Revista de la Universidad de México, la Revista de Bellas Artes, Cuadernos del Viento y, quizá la de mayor trascendencia en el movimiento renovador, la Revista Mexicana de Literatura, junto a algunas más.

Dispuestos a renunciar a un realismo demasiado decantado, su propuesta giró en torno al conocimiento del interior del hombre para enfrentarlo a una realidad puesta en duda, por lo tanto, encaminaron su escritura hacia el absurdo,  tratando de manifestar las incongruencias de un mundo cuya realidad se había trastocado y, por lo mismo, había perdido su cualidad de lugar seguro. Esto lo observamos a lo largo de la obra de Amparo Dávila. Los relatos de la escritora zacatecana muestran a los protagonistas como individuos metódicos, comunes, resignados a una forma de vida acorde con sus necesidades emocionales. Por eso, cuando algún acontecimiento repentino viene a alterar su rutina, su interior se problematiza y reaccionan, la mayoría de las veces, con respuestas extremas. El miedo que los inunda ante la presencia de lo otro surge metamorfoseado, sobredimensionado en la conciencia, dándoles forma de seres inaceptables, enigmáticos, innombrables, que deben ser evitados, rechazados, aunque para ello se tenga que llegar a la soledad, la locura o la muerte.

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Detalles sobre este monográfico

ISBN-13 (15)
978-607-520-255-6