EXPERIENCIAR EL TRABAJO SOCIAL: Apuntes para el acercamiento a una evaluación crítica

Ricardo Antonio Yañez Félix
Autor

Sinopsis

Uno de los retos actuales que enfrenta el trabajo social es justificar su pertinencia histórica (que a simple vista parece autoexplicarse y autoimponerse en un contexto de acrecentamiento de necesidades sociales), la cual suele ser sobreentendida en la relación directa que guarda la “intervención social” con los sectores que sufren los embates de la desigualdad contemporánea. Así, vemos como cada día se incrementan de manera considerable los programas académicos de grado y de posgrado, las matrículas, las inserciones laborales y los proyectos construidos desde la óptica “propia” del trabajo social. Ahora bien, este movimiento se debate entre dos polos: por una parte, encontramos a las defensoras y los defensores —que, por lo regular, son parte del gremio o de la población atendida— que sostienen que, efectivamente, dicha profesión produce, a través de su intervención planificada, cambios sociales,1 y por otro lado, tenemos a los detractores rapaces del paradigma de la intervención social, quienes, apoyados en datos cuantificables,2 afirman la inoperancia e ineficacia de los moldes que utilizan las profesiones llamadas (incorrectamente) de campo en concordancia con las directrices que toma el Estado para las actuales políticas de redistribución de la renta y para superar los índices de baja calidad de la vida. Ante este panorama, ¿cuál es, concretamente, el papel del trabajo social?, ¿qué tipo de alcance contienen los cambios que promueve?, ¿es su práctica profesional simple y llanamente una re-producción del orden vigente o, efectivamente, representa una superación de las condiciones materiales de la desigualdad?, ¿qué impacto tiene su práctica en las condiciones de vida de la población que atiende? Para responder a dichas interrogantes proponemos como algo necesario y urgente abordar el impacto sistémico3 de las distintas modalidades que asume el ejercicio del trabajo social en los contextos donde este se enmarca. Para ello, tomamos como base de nuestro análisis la práctica escolar y profesionalizante del trabajo social en el municipio de Juárez, Chihuahua (llevada a cabo en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez [uacj]), con lo cual pretendemos abonar a la discusión sobre las líneas de reflexión que problematizan la naturaleza, pertinencia y desarrollo de nuestra profesión. Por otro lado, nuestra búsqueda también tiene por cometido evaluar la solidez de los contenidos categoriales que se proclaman desde la práctica escolar del trabajo social en la uacj (que, sin lugar a dudas, representa el ejercicio profesional en nuestro municipio) expresados en las nociones del conocimiento de las causas, análisis crítico de la realidad e incidencia en las políticas sociales. Para cumplir con nuestro cometido, partimos del propio impacto de las acciones y estrategias emprendidas en los llamados campos de acción, involucrando la percepción de los “beneficios” o cambios sufridos por la población implicada (usuarios, grupos, comunidades, profesores, supervisores y estudiantes), ya que es de llamar la atención de que en un solo semestre se estime que 6850 personas fueron beneficiadas directamente y 12 501 de forma indirecta;4 por lo tanto, ¿qué clase de beneficio  que este? Uno que se esfuma con el cierre de la práctica o, por el contrario, aquel que tiene como horizonte transformar los patrones de producción y distribución de las demandas sociales, que posibilite, entre otras cosas, la organización y participación ciudadana real, es decir, como un derecho y una práctica que se asumen en acciones colectivas y que promueven luchas políticas de largo plazo en contra de quienes generan la acumulación excluyente.

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